
No sabía que un país podía cambiarte con cosas tan simples como un lavaplatos, una aplicación del clima o la libertad de conducir a donde quisieras. Pero mudarme a Estados Unidos hizo exactamente eso. Me puso a prueba, me impulsó a alzar la voz y me obligó a convertirme en una mujer que cree que todo es posible. Llegué pensando que solo estaba cambiando de domicilio, pero no tenía ni idea de que estaba a punto de transformar mi vida entera.
En este artículo, comparto algunas de las cosas que cambiaron en mí al vivir en un país diferente a aquel en el que nací y crecí.
Me volví más independiente
La cultura estadounidense pone un fuerte énfasis en la individualidad y la independencia personal. Yo provengo de un país con una mentalidad más colectivista. No entraré a debatir las ventajas y desventajas de estas dos estructuras sociales; simplemente expongo la realidad tal cual es. Crecí con una mentalidad muy enfocada en la comunidad. Y esto es fantástico cuando nos unimos por una buena causa y logramos nuestros objetivos. Pero no resulta tan bueno cuando necesitas tener a toda la "manada" contigo para realizar una tarea sencilla. Según mi experiencia, esta mentalidad limita a muchas personas, ya que, si no sienten el respaldo de su familia y sus pares, nunca se atreven a ir tras lo que desean y, a menudo, terminan sintiéndose estancadas en la vida.
Mudarme a Estados Unidos por mi cuenta a principios de mis veintes ya fue, de por sí, un acto audaz e independiente; pero vivir aquí de forma permanente y tener que resolverlo todo por mi cuenta llevó esa independencia a un nivel completamente nuevo. Tuve que averiguar cómo abrir una cuenta bancaria por mi cuenta, aprender a conducir y realizar todo el papeleo sin ayuda, comprar un coche, elaborar un presupuesto, hacer compras, mudarme de Estado y encontrar un lugar donde vivir. Y eso sin mencionar el hecho de haber gestionado todo el proceso de la visa yo sola. Fue como vivir la adultez en "esteroides". No me malinterpreten: hubo personas que me ayudaron en el camino, y por ello estoy inmensamente agradecida; pero, en su mayor parte, tuve que aprender a hacerlo todo por mi cuenta, y es precisamente por eso que me siento agradecida igualmente. Aprendí a ser responsable y a tomar decisiones y actuar incluso cuando estaba muerta de miedo, simplemente porque no me quedaba otra opción. Un ejemplo de ello fue aprender a conducir. Aprendí a conducir, obtuve un permiso provisional, saqué mi licencia de conducir y comencé a manejar largas distancias, todo en menos de 6 meses.
Ya no siempre pido permiso.
Esto les sonará muy extraño a mis lectores estadounidenses y, posiblemente, sorprendente a mis lectores hispanos. Pero, poco tiempo después de mudarme a los Estados Unidos, me di cuenta de que estaba acostumbrada a pedir permiso para actuar. Todavía lo hago a veces, pero mucho menos de lo que solía hacerlo. Por ejemplo, el otro día en el trabajo, nos trajeron un sándwich a la dirección equivocada, así que se quedó sobre el mostrador. En lugar de simplemente meterlo en el refrigerador, le pregunté a mi compañera de trabajo si le parecía bien que lo pusiera allí. Este podría parecer un ejemplo tonto, pero piensen en el momento de elegir qué carrera estudiar en la universidad. Es una decisión que casi cambia la vida y, sin embargo, me costó muchísimo trabajo decidir qué elegir. Casi sentía que necesitaba la aprobación de mis padres para decidir si la carrera que había elegido era buena o no.
Me alegra poder decir que ahora me siento más segura de mí misma, y sé que esto también se debe simplemente a crecer, cometer errores, caerse y volver a levantarse. Pero siento que esta cultura me ha enseñado que está bien ser decidida, siempre y cuando no sea divisiva (¿vieron lo que hice ahí? 😉).
Creo que todo es posible si trabajas para conseguirlo
Este punto es muy importante para mí. En una ocasión, después de haberme graduado de la universidad y mientras vivía y trabajaba en Georgia, mi hermano vino a asistir a mi graduación. Yo había ido a recogerlo a Orlando, Florida, y regresábamos conduciendo hacia Georgia. Durante el viaje de vuelta a casa, tuvimos una conversación que nunca olvidaré. Mi hermano me preguntó si creía que quería quedarme a vivir en los Estados Unidos. Le respondí que, aunque extrañaba a Panamá y a nuestra familia allá, me encantaba la sensación de que aquí, en los Estados Unidos, realmente podía llegar a ser cualquier cosa que me propusiera. Y no es que yo crea que no se pueda tener éxito en Panamá o en cualquier otro país en vías de desarrollo; la forma en que me gusta plantearlo es que en nuestros países hay muchísimos más obstáculos que enfrentar. A veces casi parece como si el sistema estuviera diseñado para que muy pocos logren triunfar. Realmente parece que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Pensé en toda la corrupción, la burocracia y la oligarquía contra las que tendría que luchar en mi país de origen, y no se me ocurría una peor manera de pasar mis veintes.
Mirando atrás, no es que ya haya llegado a la cima, pero al menos siento que voy por el buen camino, y puedo ver cómo trabajar duro realmente marca la diferencia aquí. Sé que hay mucha gente en este país que trabaja muy duro y, aun así, no sienten que eso marque ninguna diferencia. Pero aquí no siento que necesite tener un apellido importante ni vivir en una zona específica del país para lograr algo por mí misma. Al menos, no tengo que desplazarme entre tres y cuatro horas diarias solo para ganar unos pocos dólares.
Me volví más franca.
Provengo de una cultura en la que la primera reacción no es compartir la propia opinión. Cuando era más joven, por ejemplo, se consideraba una falta de respeto “contestar” a los padres cuando estos te regañaban. No me malinterpreten: sigo pensando que es incorrecto contestar a los padres, pero ahora veo las dos caras de la moneda. En cierto modo, creo que la cultura de Panamá fue beneficiosa para mí, ya que me enseñó que a veces simplemente no me saldré con la mía, y que eso está bien. A menudo, lo que observo en los niños que están acostumbrados a “argumentar” con sus padres —o a mantener un constante tira y afloja en nombre de la “libertad de expresión”— es que crecen pensando que siempre tienen la razón, siempre y cuando logren defender su postura mejor que la otra persona. Por otro lado, el estilo de crianza en Panamá no siempre resultó ser el más adecuado para mí, pues más tarde, ya como adulta, tuve que aprender que está bien expresar mis opiniones sin sentir tanto temor a discrepar con los demás. Este sigue siendo un proceso continuo para mí, pero ahora soy mucho más asertiva.
¡Me encanta conducir e ir a cualquier parte con tanta libertad!
Una de las primeras cosas que hice al obtener mi licencia de conducir y un automóvil aquí fue conducir durante dos horas hasta una playa en Florida. Fui completamente sola y e inclusive bajo una fuerte lluvia, simplemente porque deseaba experimentar la libertad de conducir mi propio carro. Ser propietario de un vehículo en Panamá se considera un lujo. Mientras que la mayoría de los jóvenes de aquí reciben un vehículo más o menos en la época en que aprenden a conducir (para mis lectores no-estadounidenses: esto ocurre a una edad muy temprana, alrededor de los 14 o 16 años), en Panamá, conducir y comprar un automóvil es algo que se hace cuando consigues un buen empleo y has ahorrado suficiente dinero para ello, por lo general a finales de los veinte o ya entrados los treinta. Aun así, hay muchísimas personas que nunca llegan a tener un carro propio. ¡Así que se imaginarán que para mí esto fue un gran acontecimiento!
Consulto el pronóstico del tiempo todos los días.
Sí, así es. Esta no es una costumbre en Panamá; rara vez consultamos el pronóstico del tiempo. Si eres estadounidense, tal vez te preguntes cómo podemos vivir de esa manera. Nos las arreglamos, no te preocupes. Simplemente miramos al cielo e intuimos qué tiempo hará ese día. Pero aquí, el mundo es muy diferente. Admito que solía burlarme de esto y no entendía a qué se debía tal obsesión. Pero creo que ahora lo entiendo... hasta cierto punto. En Panamá y en países con un clima similar, solo tenemos lluvia y sol; realmente no existe un término medio. Así que no es gran cosa: o necesitas un paraguas para la lluvia o un paraguas para el sol. Pero aquí puedes encontrarte con nieve, lluvia, granizo, vientos fuertes, peligro de tornados, etc. Admito que la razón principal por la que consulto el pronóstico del tiempo cada mañana es para decidir qué ponerme, pero estoy segura de que existen razones mucho mejores por las que todo el mundo aquí está obsesionado con ello.
Me encanta tener una máquina de lavaplatos..
nunca tuvimos uno de niña (en realidad no tenía idea que esto existiera), y todavía no conozco a nadie en Panamá que tenga uno. Vale, si eres como mi esposo y no te gustan los lavaplatos, escúchame un momento. Te diré lo mismo que le digo a él: durante mi infancia, ¡yo era el lalavaplatos! Y ni siquiera eso: tenía que cargar agua desde el arroyo cercano para lavar los platos, o a veces incluso tenía que llevar los platos hasta el arroyo. Así que siento que ya he cumplido con mi cuota de lavado de platos. Me gusta meter los platos en esta máquina y sacarlos limpios y secos. ¡Gracias a Dios, el que tenemos hace un trabajo excelente y no hemos tenido ningún problema con él!
Me gusta más la persona en la que me he convertido.
Una de las razones por las que deseaba tanto mudarme al extranjero era que no me gustaba la persona que yo era en el lugar donde crecí. Con esto no quiero decir que Panamá sea un país horrible del que deban mantenerse alejados (¡ni mucho menos! Por favor, vayan a visitarlo; ¡Panamá es verdaderamente una joya que tienen que ver!). Lo que quiero decir es que no sentía que pudiera alcanzar mi máximo potencial allí debido a todo el esfuerzo y las distracciones del día a día. Esto daría para un artículo entero por sí solo, pero las tareas cotidianas —como ducharse, cocinar, lavar los platos, ir al trabajo o a la escuela— consumen una enorme cantidad de tiempo y energía en países como el nuestro. Así que, dado que todo esto acaparaba gran parte de mi tiempo y energía, sentía que no me quedaban fuerzas para aquello que realmente me importaba. Solía tomar el autobús de regreso a casa desde la universidad, sintiendo que mi vida se me escapaba simplemente en el trayecto diario. Así que, venir aquí me brindó el espacio mental necesario para dedicarme a las cosas que me apasionaban (¡como este blog!), sin tener que preocuparme por cómo me ducharía al día siguiente.
También creo que surgen diferentes versiones de uno mismo dependiendo del lugar donde se viva y de las personas con las que se interactúe a diario. Considero que, si bien uno decide en quién convertirse, el entorno en el que se encuentra tiene el potencial de sacar a relucir lo mejor o lo peor de uno. Incluso experimenté esto al mudarme entre diferentes Estados aquí en los EE. UU. Me gusta que la versión de mí misma que existe aquí sea —irónicamente— a la vez más fuerte y más sensible. Siento que las dificultades que tuve que superar en Panama y aquí me han convertido en una persona más resiliente, pero, al mismo tiempo, siento mucha más compasión por las personas que me rodean; especialmente por aquellas que atraviesan luchas similares. Me agrada poder sentir, por fin, que está bien disfrutar de la vida sin sentir culpa.
Veo el mundo a través de una lente diferente.
Una de las mayores ventajas de mudarme al extranjero ha sido, para mí el obtener una perspectiva más amplia del mundo. Ya no veo el mundo de la misma manera. Reconozco que existen mejores formas de hacer las cosas, pero también que hay formas diferentes de hacerlas. A veces, no se trata necesariamente de que algo está bien o mal; simplemente es diferente.
Ahora digo: “Te amo.”
Durante mi crianza, decir “te amo” no era una costumbre. No es que no nos amaramos; yo sabía que mis padres y mis hermanos me amaban, pero decirlo no era algo a lo que estuviéramos acostumbrados. Esta es una frase que se utiliza con mucha frecuencia aquí en los Estados Unidos, así que, en algún momento del camino, la adopté. Ahora les digo a mi familia que los amo después de cada videollamada que hacemos y en los mensajes de texto que intercambiamos. Ahora también los escucho a ellos decirlo con más frecuencia, y se me llena el corazón al oírlo. Tal vez tú ya lo hagas, pero si has perdido la costumbre o hace tiempo que no lo dices, que esto te sirva de recordatorio para decirles a tus seres queridos que los quieres.
Hay muchas más pequeñas cosas que podría mencionar, como el hecho de que escribi este articulo en ingles y luego lo traduje al español porque siento que mi "yo adulta" se desarrolló comunicandome en Ingles. Estas son solo las que resaltaron en mi mente al pensar en lo diferente que soy de la joven que dejo su país años atras. Sé que parte de lo que he dicho podría haber parecido una crítica hacia mi país de origen, pero esa no es en absoluto mi intención. Amo y atesoro el lugar de donde provengo. Y estoy orgullosa de la crianza que recibí, la cual realmente me ha brindado una perspectiva única de la vida. Sé que incluso tener que pasar por todos esos “dolores de crecimiento” fue vital para convertirme en la persona que soy hoy. Pero también valoro enormemente cuánto he crecido y aprendido al vivir en los Estados Unidos.
También debo aclarar que esta es mi perspectiva y mi experiencia personal; por ejemplo, no todo el mundo en Panamá tiene problemas con el suministro de agua ni tiene que pasar horas enteras viajando para ir al trabajo o a la escuela todos los días. Hay personas muy adineradas que viven en Panamá —no muy lejos de donde yo solía vivir— que no tendrían ni la menor idea a qué me refiero. Sin embargo, haber tenido que enfrentar todas esas dificultades durante mi infancia me hace valorar mucho más todo lo que tengo ahora y todas las bendiciones que Dios continúa concediéndome tan generosamente (Santiago 1:17).
Thank you so much for reading! What about you? Tell me in the comments below what things you do differently as a result of moving abroad, or simply from living in a place different from the one where you grew up.
foto de Ferdinand Stöhr on Unsplash.




This is awesome nao! Love the part about seeing the world through a different lens. Travel is an amazing gift! Good stuff!!
Thank you so much Isa!! Traveling and experiencing other cultures is indeed an amazing gift!💓
I can imagine you would make the most of any situation. Keep smiling. Gabe is doubly blessed, and we have all been blessed by your radiant positivity.
Thank you so much for your warm message Todd!
Siempre bella, siempre humilde ahora más sabia. Saludos belleza.
¡Muchas gracias Ana! ¡Saludos y abrazos!💓
Great article Nao! As always!
Thank you so much!!❤️☺️